Vayelej

“Y Yo ocultaré Mi Rostro en ese día” (Devarim 31, 18)

El Rabino le dijo a sus alumnos: “Todo el tiempo decimos que vivimos en una época en que D-s está oculto, y en general, esto nos genera debilidad espiritual, para poder sentir su Presencia”.

¿De dónde podemos sacar fuerzas para elevarnos?

Si se esconde tenemos en nuestras manos la posibilidad de buscarlo, buscar y buscar, y al final, con seguridad, lo encontraremos.

No sentir miedo ante esta realidad donde D-s no esta tan a la vista, donde hace falta profundizar en los acontecimientos para percibir los milagros que sigue haciendo.

En esta parashá Moshé le traspasa el liderazgo a Yehoshúa. Es una pena que Koraj no haya estado vivo para ver esto; su rebelión en el desierto fue justamente para quejarse del supuesto favoritismo de Moshé (Moshé era el líder, su hermano Aarón el Sumo Sacerdote, etc.), pero vemos que cuando Moshé tuvo que traspasar el mando, él le confirió esta responsabilidad a Yehoshúa, con el cual no tenía ninguna conexión familiar; Yehoshúa era simplemente el más apto para el cargo, según D-s había decretado.

Un líder judío es elegido por su humildad. Moshé y Yehoshúa tenían una cosa en común: ninguno estaba interesado en recibir honores. Y eso es justamente lo que los transformaba en grandes y candidatos ideales, ya que es sumamente difícil para un líder ser capaz de distinguir entre el deseo de servir al pueblo, y el deseo de servirse a sí mismo. El deseo de poder y de honores son dos de las fuerzas más poderosas que hay en la humanidad, y es muy fácil ser seducido por ellas.

Moshé y Yehoshúa tenían la cualidad de la humildad, lo que significa que no tenían interés alguno en el poder o en el honor que obtendrían a causa de su posición. Una vez que tomaron el cargo, estuvieron dedicados sólo a servir a la nación. Hacían lo correcto, sin importar lo que la gente pensara de ellos.

Esto es un líder. Estos líderes son los que merecen nuestro apoyo.

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