VAYIKRÁ

Actualizado: abr 19


Con esta parashá comienza el tercer libro de la Torá, en el que se describen los servicios que se realizaban en el Tabernáculo, y posteriormente en el Templo.

El Tabernáculo era el lugar donde residía la Presencia Divina, un lugar de máxima santidad.

Desde el Kódesh Hakodashim, donde se encontraba el Arca y los Querubines se proyectaba la Presencia Divina a todo el Tabernáculo.

Si tuviéramos que determinar qué tipo de trabajo espiritual se realizaría en el Tabernáculo que se inauguró el uno de nisán del 2449, pensaríamos que sería un lugar consagrado al estudio, la oración o un lugar para que la persona pudiera concentrarse en su relación más importante con D-s. Sin embargo, la parashá de Vayikrá describe las ofrendas animales y vegetales que realizaban en el Tabernáculo.

Nos cuesta trabajo entender cómo en un lugar tan sagrado, y de tanta intensidad de Luz Divina se podían realizar ofrendas animales.

Maimónides, explica que una de las formas de curar la hepatitis era haciendo que la persona se acueste, y sobre el ombligo se coloque una paloma blanca. La paloma muere y se coloca otra, y así sucesivamente hasta que llega un momento en que una de las palomas que se coloca no muere, y la persona queda curada completamente.

Hoy en día en Israel hay terapeutas que realizan esta práctica. Podemos aprender de este ejemplo, como un ave puede servir para curar a una persona de una enfermedad.

La Torá nos enseña que la ofrenda nos puede liberar de toda esa carga negativa que se ha generado como consecuencia de las transgresiones.

Maimónides escribe que “…el Mundo se mantiene por el mérito de las ofrendas…”.

Por lógica racional no podemos entender cómo se puede realizar un trabajo espiritual a través de las ofrendas, pero tenemos que tener la seguridad que si la Torá nos ordenó este tipo de trabajo espiritual, es porque había un secreto muy grande en ello, y este es el motivo de que incluso, hoy en día, hayan comunidades la víspera de Yom Kipur hagan Kaparot, degüellan aves como expiación.

Por Rab Moshé Bendahan

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