Kedoshim

En la parashá Kedoshim, hay una lista de preceptos éticos en el capítulo 19, que concluyen con el mandamiento “…Amarás a tu prójimo como a ti mismo, yo soy tu D-s…”

Rav. Akiva dijo “… este precepto es la regla fundamental de la Torá…”

¿Por qué todos estos preceptos concluyen con “ ¿amarás a tu prójimo como a ti mismo?”

En el momento que una persona siente amor al prójimo, no va a querer vengarse, ni guardar rencor, ni querer retrasarle el sueldo…, no va a querer hacerle ningún daño.

El amor es parte de la esencia de nuestra alma. Cada ser humano porta una esencia divina, y siendo que D-s es dador nos confirió esa cualidad. El hecho de habernos creado a su imagen, implica que el amor es la esencia de nuestra alma.

Hay un enfrentamiento continuo entre nuestra naturaleza material, que es el deseo de recibir, y nuestra naturaleza espiritual que es el deseo de dar. Toda nuestra libertad de elección consiste en saber en cada momento, qué actitud tenemos que adoptar.

Imaginemos una persona que lleva muchos meses ahorrando para irse de viaje en verano. Cuando ya reservó el hotel y los billetes, le llama su mejor amigo y le dice que tiene que viajar a Estados Unidos a operarse y necesita un préstamo. Por una parte, está el deseo de disfrutar de las vacaciones, descanso, buena comida, cambiar de lugar…y por otro, lado el valor de “amar al prójimo”, no abandonarle.

Hay un conflicto entre nuestra naturaleza material que nos dice “tienes que buscar tu placer” y nuestra naturaleza espiritual que nos dice “tienes que ayudar al prójimo, no lo puedes dejar desamparado”.

Cuando esta persona renuncia a sus vacaciones, se siente feliz, aunque no se vaya de viaje. ¿Cómo puede estar feliz cuando todo su proyecto de meses se ha venido abajo? Porque siente que está haciendo algo más importante y transcendente, que es ayudar al prójimo, en ese momento su alma se está manifestando, y eso le da plenitud.

Si nosotros somos capaces de doblegar nuestro cuerpo y ser felices, esto nos muestra que nuestra esencia no es el cuerpo.

Y eso es lo que la Torá nos quiere enseñar con el principio de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, ese potencial de amar, de dar y de compartir forma parte de tu esencia interna, por tanto, desarróllalo, trabajalo.

Si conseguimos llegar a ese grado de amor, el resto de preceptos éticos ya son fáciles. Y esa es la gran enseñanza de la parashá de Kedoshim.


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