Vaerá

“Mas Yo endureceré el corazón del Faraón y multiplicaré mis señales y mis maravillas en la Tierra de Egipto”. (Shemot 7-3)


Si D-s endureció su corazón, ¿cuál era entonces su falta y por qué fue castigado?


Maimónides, que trata la cuestión del libre albedrío, escribe: “Puede acontecer que un hombre cometa una grave falta, o numerosas trasgresiones y que el Juez de la Verdad decida castigar sus actos, ejecutados por su propia voluntad y con pleno conocimiento de causa, impidiéndole arrepentirse. Es por eso que está escrito en la Torá: Yo endureceré el corazón del Faraón. El había en efecto comenzado por su propia iniciativa, martirizando a los israelitas que habitaban su país. Y la vía de arrepentimiento le fue cortada.


Najmánides explica: “Al Faraón, después de haberle llegado cinco avisos sin que los tuviera en cuenta, D-os le dijo: Puesto que tu has endurecido tu corazón (como es mencionado en ocasión de las cinco primeras plagas), Yo voy a agregar impureza a tu impureza”.


Las diez plagas tenían por objeto, convencer al Faraón y a los egipcios de las tres verdades fundamentales de la fe en D-os, Su existencia, Su Providencia que se extiende sobre las naciones y sobre los individuos y, finalmente, la Omnipotencia Divina. A estas tres verdades corresponden las tres divisiones que se reconocen en las diez plagas, según la fórmula de Rabí Yehudáh, citada en la Hagadáh de Pesaj: Desaj, Hadas veajav.


Estos grupos de tres plagas estaban destinados a aportar sucesivamente el conocimiento de las precitadas verdades. Igualmente, la primera plaga en cada uno de esos grupos estaba precedida por una advertencia. “Tu sabrás que Yo soy el Eterno”, pronunciada como aviso previo de la primera plaga, la de la sangre, indica que el primer grupo de las plagas debe demostrar la existencia de D-os. El segundo grupo está precedido al comienzo de las plagas, de las bestias feroces. “A fin de que tu sepas que Yo soy el Eterno en el medio del país”. La séptima plaga, el granizo (Barad), con la que se inicia el último grupo, es anunciada con las palabras que evocan la Omnipotencia de D-os: “A fin de que tu sepas que nadie me iguala sobre la Tierra”.


Una triple demostración acaba de evidenciar cada una de las tres grandes verdades. Vistas bajo este ángulo, las plagas egipcias tenían un valor educativo y no sólo punitivo.


Si la primera de las diez plagas fue la de la transformación del Nilo en sangre, eso fue para castigar a los egipcios que habían vertido la sangre de los niños judíos en el Nilo.


Nuestros sabios explican que las diez plagas fueron castigos inflingidos a los egipcios en represalia contra los actos inicuos que habían perpetrado contra los judíos, y que fueron dictados de acuerdo con el principio “Midah kenegued midah”, medida por medida.

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