SHELAJ-LEJÁ

En esta parashá, la Torá nos relata que Moshé envió doce exploradores para explorar la Tierra de Israel, y establecer una estrategia de conquista. Los exploradores eran representantes importantes de cada tribu.

Ha transcurrido un año y un mes desde la salida de Egipto, y vemos que el proyecto Divino era que el pueblo iniciaría la conquista de la Tierra de Israel.

Sin embargo, el incidente de los exploradores va a provocar que tengan que permanecer cuarenta años en el desierto, hasta que toda esa generación que salió de Egipto desaparezca.

Pero ¿qué fue lo que realmente pasó?, ¿Porque un decreto tan fuerte fue decretado sobre el pueblo?

Moshé Rabenu le dio una misión muy concreta a los exploradores, tenían que investigar qué tipo de tierra es, qué tipo de pueblo es el que vive ahí, ver si las ciudades eran amuralladas, que tipo de ejército había en esa tierra, ver si hay o no árboles.

Ellos permanecieron cuarenta días en la Tierra de Israel, y cuando volvieron reunieron al pueblo y les dijeron “…no hay nada que hacer, es una tierra de gigantes que consume a sus habitantes, son fuertes,…”. La mayoría de estos espías, diez de ellos, trajeron un informe negativo. Solamente Yehoshúa y Caleb dieron un informe positivo, e intentaron animar y estimular al pueblo diciendo: “…si podremos entrar…”·

Cuesta trabajo entender, cómo un pueblo que estaba viviendo en primera persona los milagros en el desierto, como el maná que caía diariamente, las nubes de gloria que los protegían, la Presencia Divina en el Tabernáculo… pudiera decir: “…no, no tenemos nada que hacer…”.

El Rabino Isaac Arama, en su libro Akedat Yitzhak explica que esta trama ocurre después de la parashá de Behaloteja, en la que el pueblo comenzó a sentir nostalgia de Egipto echando de menos las verduras, el pescado…, y la forma de vida sin preceptos que tenían en Egipto. Y D-s le contesta, tienes que nombrar setenta líderes para que eduquen, y hagan reactivar la llama de la espiritualidad en el pueblo.

Estos exploradores habían vivido la caída espiritual del pueblo, y por ello, hicieron una valoración “…desde el punto de vista espiritual no tenemos mérito, y desde el militar son mucho más fuerte que nosotros, así que no tenemos nada que hacer…”.

Aparentemente la argumentación tenía su lógica, sin embargo ¿cuál fue su error?

El Rabino Isaac Arama argumenta que los exploradores cometieron dos errores:

1º Moshé cuando le ordenó redactar un programa de estrategia para conquistar la tierra, dio a los exploradores una misión muy concreta, pero en ningún momento, les dijo que tenían que decidir. Por tanto, cuando los exploradores regresaron deberían de haber venido a Moshé e informarle directamente, para que él como líder determinara lo más conveniente a la vista del informe. En cambio, los exploradores decidieron y se atribuyeron funciones que no tenían encomendadas, y lo que consiguieron fue desanimar al pueblo, de forma que éste ya no quería siquiera escuchar a Moshé.

2º Los exploradores perdieron la confianza en el pueblo. Se desesperaron y dijeron”…no tenemos mérito espiritual”. Y ahí estuvo el error. Los exploradores deberían de haber dicho “…ahora no tenemos mérito, nuestro nivel de espiritualidad es bajo, pero tenemos que fortificarnos y si lo hacemos, de seguro que vamos a poder conquistar la tierra…”.

La transgresión de los exploradores es que se rindieron. Cada día es un nuevo nacimiento. Cada día, la persona tiene la oportunidad de renovación, de arrepentirse y volver a nacer espiritualmente en cada momento.

La persona nunca debe darse por vencida, como dice el Talmud:

“Aunque la persona tenga una espada afilada sobre su cuello, no deber perder la esperanza, porque siempre puede clamar a la misericordia Divina para que le auxilie y le ayude…”.

Ese afán de atribuirse facultades de decisión, y también ese espíritu derrotista de no tener el deseo de superación, y dar por sentado que ya estamos condenados, fue la transgresión de los exploradores, en la que no solamente ellos cayeron, sino que hicieron caer a la mayoría del pueblo que los apoyó.

Ellos dieron por perdida la batalla, cuando la batalla ni siquiera había comenzado.

Tenemos que aprender que la persona nunca tiene que claudicar con la caída, sino que siempre tiene que tener ánimo, ilusión y esperanza de decir, yo puedo hoy volver a nacer, renovarme, transformarme, arrepentirme y borrar todo mi pasado y empezar de nuevo. Por supuesto, que puedo.

Y nunca desesperar.


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