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Pésaj Shení: la festividad de las segundas oportunidades

A veces tenemos que perdernos antes de encontrar la dirección correcta.


El 14 de Iyar, un mes después de Pésaj, conmemoramos el día de Pésaj Shení, un ‘Segundo Pésaj’. Es hora de una segunda oportunidad.

La víspera de Pesaj, el 14 de Nisan, teníamos la obligación de traer el Korban Pesaj (Ofrenda pascual) que era comida a la noche junto con Matzot y hierbas amargas. Para ello, la persona tenía que encontrarse en estado de pureza ritual. 

Cuando el Pueblo de Israel en el desierto, se disponen a celebrar Pésaj por primera vez, hay personas que se encuentran en estado de impureza. Particularmente los encargados de acompañar el féretro de Yosef HaTzadik. Van a ver a Moshé y Aharon y les dicen: “¿Por qué deberíamos ser marginados y no tener la oportunidad de presentar la ofrenda a Dios, así como el resto de los hijos de Israel?”.


Moshé le preguntó a Dios qué hacer y Él contestó: “Háblale a los hijos de Israel y diles: toda persona que esté impura por un muerto o en un camino distante, tanto ahora como en las generaciones futuras, preparará una ofrenda de Pésaj para Dios. La prepararán en la tarde del día 14 del segundo mes (Iyar) y la comerán con matzot y con hierbas amargas…” (ver Números 9:6-12).

En cierto modo la Torah nos está diciendo que Dios dijo: les daré una segunda oportunidad a pesar del estatus de impureza, a pesar de la condición actual. Cuando hagan lo necesario para revertir ese estatus, cambiaré las reglas. Esperaré hasta que estén preparados.

¿Cómo podemos relacionarnos con las ideas de estar ‘impuros por la muerte’ y ‘viajando por un camino distante’ hoy en día?


La verdad es que estos términos apuntan a conceptos más profundos: un estado de ‘desconexión de Dios’ es un tipo de muerte. Un ‘camino distante’ es un lugar en el que estamos alejados de quienes se supone que debemos ser en realidad. Esto es algo con lo que la mayoría de nosotros sí podemos identificarnos.


Al estar ‘en contacto con la muerte’, al estar ‘viajando por un camino distante’, desconectados de nuestra esencia y nuestra fuente, tenemos la capacidad para cambiar la dirección y volver a casa.


Cuando no somos la persona, la pareja o el padre que deberíamos ser, a menudo, en algún lugar profundo de nuestro ser, sabemos que estamos lejos de casa. Puede ser un sentimiento vago, aislado y borroso. Puede ser un sentimiento explícito, pesado y robusto. En todos los casos, a menudo lleva a confusión y a un estilo de vida robotizado.Cambiar no es fácil. Pero puede hacerse. Más allá de la distancia, más allá de la desconexión, Dios nos da la capacidad de reparar y reconectarnos. Nuestro contacto con la ‘muerte’ puede darnos vida. Nuestra ‘distancia’ puede llevar a una cercanía mayor, tanto con Dios como con nosotros mismos.


Pésaj Shení, la festividad de las segundas oportunidades, nos recuerda que siempre podemos cambiar nuestra dirección y volver a casa.

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