Obstinación

Raros son los días en los que no se oye a alguien quejarse de la prepotencia, por no decir la dictadura, de la informática. Pronto, hasta para comprar una barra de pan se necesitará un código, que por cierto nadie nos habrá comunicado. En realidad, nos han transformado en seres esquizoides. ¡Qué maravilla poder hablar por whatsapp, gratis o por lo menos con la impresión de que es gratis, con el tío Sebastián, que se marchó a California hace mil años! O encontrar por Facebook a Encarnita, esa amiga del cole de la que no teníamos noticias desde hace cuarenta años, por lo menos. Pero, qué rabia da recibir una factura equivocada o tropezarse con un problema burocrático sin que sea posible dirigirse a alguien a quien poder exponer el problema, porque todo se resuelve online, lo cual significa que no se resuelve, a menos de tener entre veinte y treinta años y de ser titular de un máster de informática aplicada. Aplicada lo será, pero no siempre al bienestar del cliente. Bien, ¿y a qué vienen los talibanes en todo esto?

  • Tribuna escrita por Eva Levy.

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