Metzorá

En esta parashá la Torá nos habla de la lepra, no como enfermedad física, sino como nega tsaraat, enfermedad espiritual.

Cuando una persona tenía manchas blancas en la piel se tenía que presentar ante el Cohén, y este tenía que determinar si esa mancha era una enfermedad física, que había que tratar a través de la medicina convencional, o si esa mancha expresaba un desequilibrio espiritual y, por tanto, en ese caso el Cohén era quien lo trataba.

Estas manchas también podrían aparecer en las casas o en las ropas.

Cuando Miriam, habló de su hermano Moshé a Aarón, se le puso la mano leprosa.

Rashi explica, que la queja de Miriam fue que Moshé se había alejado de su mujer, después de que volvió con las segundas tablas, ya que había conseguido un estado de elevación espiritual elevado, y Miriam lo criticó: ¿Por qué Moshé se tiene que alejar de su mujer?...”. En ese momento recibió Miriam la lepra, hasta que Moshé rezó por ella.

De este episodio, se estudia que el nega tsaraat está conectado con el Lashón harah.

El Lashón harah significa lengua mala, pero en realidad, es cualquier expresión negativa, verdadera pero gratuita, es decir, cuando la persona destruye por destruir. Cuando hablamos Lashón harah somos destructores y esa destrucción que la persona generaba en la época del Templo se reflejaba en manchas en la piel.

En los tiempos bíblicos, el Cohen era el guía espiritual al que recurría el pueblo cuando tenía esta enfermedad espiritual. ¿Puro o impuro? el Cohen decidía. La persona afectada iba al Cohen para recibir consejo práctico, y a un profeta para preguntar cuál era el mensaje de D-s, es decir, cual era el crecimiento espiritual necesario o beneficioso en el que debía trabajar en ese momento.

Si es un mensaje, entonces el problema emana del amor que D-s siente por nosotros. Él quiere que crezcamos.

“Y Hashem Elo -him formó al hombre del polvo de la tierra e insufló en sus fosas nasales el alma de vida; y el hombre se transformó en un ser viviente” (Génesis 2:7)

Onkelos, el traductor de la Torá del hebreo original al arameo traduce la palabra “viviente” como “hablante”, su versión dice, por lo tanto: “Y el hombre se transformó en un ser hablante”.



El hálito de D-s en el hombre que es la fuente de la fuerza vital del ser humano se manifiesta en él como el poder del habla. La habilidad de expresar sus pensamientos más internos y comunicarlos a otros es el fenómeno que conecta al hombre con lo Divino.

Cuando una persona ama a otra, en ninguna circunstancia va a querer hacerle daño, sino que lo que va a proteger.

Cuando se destruyó el templo desapareció esta enfermedad, pero los efectos a nivel espiritual siguen siendo igual de negativos.

La persona que contraía esta enfermedad en la piel se tenía que alejar del campamento, y esto era muy significativo, porque la crítica destructiva genera la separación y, él tenía también que “separarse”, para sentir el mal que él había generado.

Por eso, la Torá nos enseña que tenemos que construir y no destruir, y si queremos construir nos tenemos que alejar del Lashón harah.


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