Ki Tisá

Cuando leemos esta parashá, la pregunta que surge de inmediato es ¿Cómo es posible que cuarenta días después de haber vivido la revelación en el Monte Sinaí, hayan podido fabricar un becerro de oro? De aquí aprendemos una lección muy importante, y es que los grandes acontecimientos, los grandes milagros y las grandes vivencias no cambian a la persona. Cuando a alguien le ocurre un gran milagro, en ese momento piensa que tiene que cambiar y buscar un sentido espiritual a su vida; pero si esa vivencia no la traslada al día a día, a la práctica diaria, poco a poco se diluye, pasará una semana, luego otra, y se acabará por olvidar, porque volvemos a la rutina diaria y nos olvidamos de lo acontecido.


Lo que forja la personalidad no son las grandes vivencias, ellas pueden servir para elevarnos, pero lo que genera el cambio es el trabajo espiritual diario, la oración diaria, la lectura de salmos diaria, el estudio diario, y la voluntad de querer crecer espiritualmente.


El profeta Eliyahu Hanaví desafió a los falsos profetas en el monte Carmel, cuando su ofrenda se consumió, el pueblo clamó:“...Hashem es nuestro D-s…”


Pero poco a poco esa vivencia se diluyó y el profeta le dijo a D-s mátame. D-s le respondió: “…no en el ruido está Hashem, no en el viento, no en la tempestad, sino que en la voz silenciosa ahí está D-s…”, quiere decir que es la vivencia diaria la que genera el verdadero cambio en cada persona.


¿Por qué eligieron un becerro para representar a D-s?

El Ramban, Najmánides, explica que el becerro era una de las formas de idolatría que los egipcios tenían. Siendo que muchos egipcios se unieron al pueblo de Israel, representaron a la Divinidad a través del becerro, porque esta era la forma que les era más familiar.


Yehudá Halevi en su libro “El Cuzary” explica, que la intención del pueblo de Israel no fue hacer un becerro como idolatría, sino representar la Divinidad que se les había manifestado en el Monte Sinaí, ellos querían plasmar esa vivencia, por tanto, dijeron:


“…Moshé Rabenu tiene que bajar y traernos las Tablas de la Ley, y esas tablas son el símbolo de la vivencia en el Monte Sinaí: por tanto, si Moshé no viene, no podemos dejar que esa vivencia se nos olvide; sino que tenemos que representarla, tenemos que crear una imagen que nos recuerde esa comunicación que el pueblo vivió…” y es por eso que el pueblo le pidió a Aarón fabricar un becerro de oro, quiere decir que la intención era buena, pero el problema fue que en el Monte Sinaí todos escucharon que no se debe hacer ninguna imagen que represente a D-s, ese fue su gran error.


De ahí aprendemos que tenemos que aprender a servir a D-s tal como Él nos ordena, y no según nuestra lógica.


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